18.7.12

EL MATRIMONIO: EL ROL DE LA ESPOSA (II PARTE)


LA ESPOSA CONCILIADORA SE SOMETE (1 Pedro3:1,5,6)
Allí está — esa fea palabra— someterse. Es probable que ninguna palabra en el análisis contemporáneo del desempeño de una esposa en el matrimonio sea más vilipendiada o mal entendida que la palabra sometimiento.
Cuando el libro de Marabel Morgan, The Total Woman [La mujer completa], estaba en el apogeo de su popularidad, The Wittenberg Door lanzó una caricatura de una mujer cristiana hecha una ruina con sus cabellos con rulos y sus pies en una palangana con agua tibia y sal de higuera. La caricatura estaba subtitulada “La mujer destruida por completo”. Para muchos, esa es la imagen negativa de una mujer sometida.

Sin embargo, no tenemos ningún problema en saber lo que Pedro significa con sometimiento, porque emplea la palabra en sus instrucciones a los ciudadanos en 2:13 y a los esclavos en 2:18. Significa ponerse uno bajo autoridad de alguien. Nada tiene que ver con la valía inherente. Tiene todo que ver con vivir sin recurrir al escapismo ni a la violencia. Sometimiento es lo opuesto de salirse con la suya.

El sometimiento no implica el hacer lo que es moralmente indebido (Safira erróneamente se sometió a la mentira de Ananías en Hechos 5:2,7–10), abandonar su sensatez, o llegar a ser de una pasividad encogida y pisoteada.
Eso incluye el seguir el ejemplo de Sara, que a pesar de sus propias dificultades conyugales, respetaba a Abraham al llamarlo “señor”. En otras palabras, ella no lo desestimó. Siguió siendo fiel a Abraham a pesar de que con frecuencia cambiaba de lugar y que a veces la maltrataba. Ella ganó gracias a su conducta. Mantuvo la debida actitud, tomó las medidas correctas y conservó el afecto debido, bendiciendo a su esposo en vez de maldecirlo.

Algunos pudieran decir: “Bueno, si Sara viviera en la cultura actual, sin duda tendría opciones ahora que no tuvo entonces”. Pero, ¿las habría tomado? Cada uno de nosotros pudiera escoger el camino de lo que percibimos sea la autorrealización, o podemos oír el llamado de Jesucristo a que nos neguemos a nosotros mismos, tomemos nuestra cruz, y lo sigamos. El negarse a sí mismo para las esposas y los esposos significa permanecer comprometido con su cónyuge aunque el matrimonio sea menos que ideal.

También debemos observar que el consejo del apóstol Pablo acerca del sometimiento no es exclusivamente para la esposa. El esposo también tiene la responsabilidad de someterse: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21).

Le animo a que continuemos estudiando los roles de los conyuges en el matrimonio que Dios instituyó.

Fraternalmente

Su amiga y hermana en la Fe de Cristo Jesús

Hellen Peralta


Fuentes: Cometario de Efesios, La familia Sujeta al Espíritu de Tim La Haye